En una nueva edición de la sección «Los Misterios», del programa La Mañana de Pablo Aguilera, nuestra auditora, Rosita, compartió un estremecedor testimonio que, según aseguró, marcó a su familia durante varios años.
De acuerdo con su relato, todo comenzó hace 38 años, cuando su hija tenía apenas seis meses y la familia se trasladó temporalmente a una vivienda ubicada en la comuna de Recoleta.
Según recordó, una vecina le comentó que la bebé estaba «ojeada», ya que lloraba constantemente y parecía muy asustada. Con el paso de los meses, la situación comenzó a inquietarla aún más.
«Lloraba y apuntaba hacia la escalera»
Rosita relató que, cuando su hija ya podía ponerse de pie en su cuna, rompía en llanto mientras señalaba insistentemente la escalera que daba al segundo piso de la casa.
Preocupada, siguió el consejo de una mujer muy creyente, quien le recomendó bendecir la escalera con agua bendita y hacer la señal de la cruz en los peldaños. Sin embargo, aseguró que los episodios continuaron.
«Sentía que subían hasta mi cama»
Con el paso del tiempo, la auditora afirmó que comenzó a experimentar situaciones que nunca pudo explicar. Contó que cada mañana, luego de que el padre de su hija salía a trabajar, escuchaba pasos subiendo por la escalera.
Al principio pensó que se trataba de él o incluso de algún vecino, pero al revisar nunca encontraba a nadie. Según su testimonio, los hechos fueron aumentando en intensidad.
«Empezaban a subir hasta mi cama», recordó, asegurando que incluso sentía un peso sobre el colchón y un aliento en el cuello, aunque nunca alcanzó a ver a nadie.
El día que decidió enfrentarlo
Rosita aseguró que, cansada de vivir esas experiencias, decidió enfrentar aquello que, según ella, la atormentaba. Esperó despierta hasta volver a sentir la misma presencia y, en ese momento, extendió las manos intentando sujetarla.
«Y abro mis manos así, despacito, y le digo: ‘¿Y hasta cuándo? Córtala, tu madre’. Y agarro una masa, Pablito, una masa. Y me paro con esa masa de la cama, le digo: ‘Ya está, ¿hasta cuándo? Déjate de… Yo no te tengo miedo. Yo estoy viva. Tú estai muerto’” (sic), señaló.
Sin embargo, asegura que la entidad se le escapó: «Se me escapó por entre medio las manos abiertas, entre medio de los dedos, y yo paré en la escala. Empezó a bajar la escala… Yo lo tenía en mis manos. Mi idea era abrir la puerta de abajo y echarlo para afuera» (sic).
Asegura que, tras ese episodio, nunca volvió a experimentar situaciones similares en esa casa.
Pero años después…
Tiempo después, la familia se trasladó a un departamento en Quilicura. Sin embargo, Rosita afirmó que las experiencias volvieron a repetirse.
Esta vez fue su hija, ya de 14 años, quien comenzó a despertarse durante las noches diciendo que veía a un hombre observándola.
Con el paso del tiempo, el padre de la joven también comenzó a experimentar episodios que no lograba explicar. Según contó la auditora, despertaba pidiendo ayuda porque sentía que «algo» intentaba llevárselo.
«Aquí no te necesitamos»
En medio de una de esas madrugadas, Rosita decidió abrir la puerta de la casa y, sosteniendo un chaleco entre sus manos, comenzó a moverlo hacia el exterior mientras gritaba que aquella presencia abandonara el hogar. «Aquí no te necesitamos«, recordó haber repetido una y otra vez.
Según aseguró, después de ese episodio los extraños sucesos desaparecieron por completo.
Al finalizar su testimonio en «Los Misterios», Rosita reconoció que, hasta hoy, no tiene una explicación para lo que vivió. Sin embargo, afirmó que aquellas experiencias quedaron grabadas para siempre en la historia de su familia.
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