En Los Misterios de la Pudahuel, compartimos historias que nos erizan la piel y nos devuelven la fe en que nuestros seres queridos nunca nos abandonan.
Este lunes, Pablo Aguilera conversó con una auditora que nos relató la partida de su cuñada Jimena, quien falleció de un día para otro a los cincuenta y cinco años, tras un paro respiratorio fulminante. La pérdida fue un golpe devastador para su familia, especialmente para su sobrina, con quien mantenía una “relación muy particular… era como su segunda mamá”.
Antes de partir, Jimena, quien era una estudiosa de la espiritualidad, siempre les hacía una promesa cargada de amor.
“Cuando yo me muera, yo siempre voy a estar al lado de ustedes y siempre les voy a dar señales de que estoy ahí”.
Nadie imaginó que esa señal llegaría en el momento de mayor angustia económica. Ella se encargaba de todos los pagos de su parcela, pero como había cambiado de celular poco tiempo atrás, la familia quedó de brazos cruzados al no conocer las nuevas claves para pagar contribuciones y gastos comunes.
«Un, dos, tres y punto»: La clave que llegó en sueños
Pasaron tres meses de incertidumbre buscando desesperadamente una solución.
Una noche, la sobrina le pidió ayuda de todo corazón: “Tía, por favor, ayúdanos, ayúdanos, porque de verdad que esto está muy complejo“, relató nuestra auditora.
La respuesta no tardó en llegar.
Sólo dos días después, la joven tuvo un sueño revelador. La mujer soñó que estaba “sentada en la piscina y la veo (a Jimena) caminar del fondo de la parcela con tres perros que se habían muerto poquito tiempo antes que ella“.
En el encuentro onírico, Jimena le entregó la solución definitiva con una frase que parecía no tener sentido en ese momento:
“Mira, ando con mis perros, un, dos, tres y punto. Se acabó“.
Al despertar, la familia tuvo una corazonada y corrió al computador para ingresar esas palabras exactas. Para asombro de todos, era la contraseña. Tal como lo prometió en vida, Jimena vino para proteger el hogar y la tranquilidad de los suyos.
“Pablo, se metió mi hija inmediatamente al computador y era la contraseña. Nos vino a entregar la contraseña. Cada vez que contamos esto, nadie lo puede creer“, cerró nuestra auditora.
