Créditos: RECTV
El 10 de abril de 1978 quedó marcado como una fecha clave en la historia de las comunicaciones en Chile. Ese día se oficializó la llegada de la televisión a color, dando inicio a una nueva era para la pantalla chica tras la adopción de la norma NTSC. Un cambio que hoy parece obvio, pero que en ese entonces representó una verdadera revolución tecnológica y cultural.
Para entender la magnitud de este avance, hay que retroceder casi dos décadas. En 1959, un grupo de profesionales y académicos comenzó las primeras transmisiones experimentales de lo que sería el canal de la Pontificia Universidad Católica. En esos años, la televisión era todavía un lujo y un fenómeno emergente, pero poco a poco comenzó a instalarse en los hogares chilenos.
El gran impulso llegó con el Mundial de Fútbol de 1962, organizado en nuestro país. La histórica participación de la Selección Chilena, que obtuvo el tercer lugar, generó un aumento explosivo en la compra de televisores. Ver los partidos en vivo se convirtió en una experiencia colectiva, donde familias y vecinos se reunían frente a una pantalla en blanco y negro que ya comenzaba a transformar la vida cotidiana.
Sin embargo, el salto definitivo estaba por venir. A inicios de 1978, la televisión a color aún era una promesa. El 6 de febrero de ese año, durante la noche de clausura del Festival de Viña del Mar, se realizó una transmisión experimental que muy pocos pudieron ver. En esa ocasión, el animador Antonio Vodanovic presentó al cantante Fernando Ubiergo en lo que fue una de las primeras pruebas de esta tecnología en el país.
Pero fue en abril cuando todo cambió. Con la oficialización del sistema NTSC, comenzó formalmente la era del color en Chile. El primer programa en emitirse bajo este formato fue «Esta noche… Fiesta», de Canal 13, conducido por César Antonio Santis. En pantalla, un simple gesto marcó un antes y un después: con un chasquido, el conductor “encendía” el color en los televisores, dejando atrás décadas de blanco y negro.
El contexto internacional también ayudó a masificar este avance. Ese mismo año se disputó la Copa Mundial de Fútbol de Argentina 1978, evento que impulsó la llegada de televisores a color al país. Aunque no todos podían acceder a uno, se repitió una escena ya conocida: vecinos reuniéndose para compartir la experiencia, esta vez con imágenes llenas de color.
Así, lo que comenzó como un experimento en 1959 terminó consolidándose como una transformación total en 1978. La llegada del color no solo cambió la forma de ver televisión, sino también la manera en que los chilenos compartían, se informaban y se conectaban con el mundo.
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