La alfombra roja de la Festival de Viña del Mar volvió a cumplir su promesa: glamour, flashes y polémica. Esta vez, el nombre que se tomó la conversación fue el de Kel Calderón, quien apareció en la Gala 2026 con un vestido amarillo neón de alto impacto y firma internacional.
La cita se realizó en el Sporting Club y reunió a figuras como Emilia Dides, Sammis Reyes, Fátima Bosch, Fran Maira, Pablo Chill-e y Karla Melo. Sin embargo, apenas Kel pisó la alfombra roja, las redes sociales giraron hacia un solo tema, su look.
La influencer eligió un diseño de Tom Ford, con pierna descubierta y un tono vibrante que no pasó desapercibido. Según cuentas especializadas en moda en TikTok, la prenda alcanzaría un valor cercano a los $2.900.000. Y ahí comenzó la avalancha digital.
Redes sociales: entre la alta costura y el meme
Primero llegaron los comentarios irónicos. Luego, las comparaciones. “Yo tengo uno parecido y me costó $9.900”, escribieron usuarios. Otros lo vincularon con ropa de retail y tiendas populares.
Mientras algunos defendieron la audacia del diseño y el riesgo cromático, otros lo catalogaron como uno de los looks menos acertados de la noche.
Sin embargo, en la era digital, la viralización también significa visibilidad. Y en ese terreno, Kel volvió a posicionarse en el centro de la conversación.
Raquel Argandoña entra al debate
En el programa Only Viña Prime, Raquel Argandoña abordó el tema sin rodeos. Contó que su hija le mostró el vestido mientras lo estaba comprando y que incluso le pidió mantenerlo en reserva.
“Ella siempre innova, siempre impone algo”, comentó la animadora. Además, reveló que Kel le presentó tres opciones, dos negras y este modelo amarillo, y que finalmente optaron por el más arriesgado. “A mí me gustó”, aseguró.
Así, mientras las redes debatían entre memes y críticas, la defensa familiar sumó otro ángulo a la historia: el de una figura que apuesta por diferenciarse, incluso a riesgo de dividir opiniones.
Moda, polémica y posicionamiento
La Gala del Festival de Viña no solo anticipa el verano, también instala conversaciones culturales. El vestido de Kel Calderón no quedó indiferente, activó debates sobre precio, estilo, originalidad y validación social.
En definitiva, más allá de si gustó o no, logró lo que muchas marcas buscan. Conversación masiva, impacto inmediato y presencia sostenida en medios y plataformas digitales.
Y en tiempos donde la atención vale oro, ese resultado también cuenta.
