Getty Images
Prometió una noche mágica y cumplió. Este miércoles, el Movistar Arena fue testigo de la primera jornada de los conciertos de Laura Pausini en Chile, en el marco de su gira Yo Canto World Tour.
La italiana, regresó al país con un espectáculo que no solo repasó su historia, sino que también celebró la música que la ha inspirado durante décadas.
Porque este tour no es casual: forma parte de un proyecto donde la cantante reinterpreta canciones de distintos artistas que han marcado su camino, mezclando clásicos propios con versiones elegidas personalmente por ella.
Todo esto, en un homenaje musical que cruza generaciones y estilos, bajo la potente e inconfundible voz de la italiana.
Desde los primeros minutos con Yo canto, Laura dejó claro que lo suyo sería una experiencia emocional total, conectando de inmediato con un público que la ha acompañado desde sus primeras visitas a Chile.
La intérprete recordó con cariño sus inicios en el país —con hitos que se remontan a los años 90, como su paso por Chile en 1994 y sus primeras presentaciones en televisión y escenarios locales—, reforzando un vínculo que se ha mantenido intacto con el paso del tiempo.
Cercanía, emoción y momentos inolvidables
Si algo marcó la noche fue la cercanía y carisma de la cantante, que interactuó constantemente con sus fans, habló en español con naturalidad y generó una conexión genuina en todo momento.
Uno de los instantes más emotivos llegó cuando la intérprete de Durar subió al escenario a una niña llamada Florencia, con quien cantó en un momento tan espontáneo como conmovedor.
El repertorio avanzó entre clásicos como Se fue, Amores extraños, En cambio no y Víveme, y una serie de covers que dieron identidad a esta gira.
Versiones como Antología de Shakira, Hijo de la Luna de Mecano, La isla bonita de Madonna o Turista de Bad Bunny mostraron la versatilidad de la italiana y su capacidad de llevar cada canción a su propio terreno.
Uno de los momentos más profundos de la noche llegó con Gracias a la vida, de Violeta Parra, donde Laura no solo emocionó con su interpretación, sino también con sus palabras:
“Esta canción representa a Chile y Latinoamérica en el mundo. Violeta Parra es una diosa que no se puede olvidar. De generación en generación, de nación en nación”, señaló.
Entre lo íntimo y lo eufórico
Más allá de lo musical, el espectáculo fue de primer nivel en cada detalle: escenografía cuidada, un diseño de luces impactante, bailarines que aportaron dinamismo y múltiples cambios de vestuario que acompañaron cada etapa del show.
Así, convirtiendo el encuentro en una experiencia visual y sensorial completa.
La intérprete de Las cosas que vives logró algo difícil: crear un ambiente íntimo dentro de un recinto masivo, donde cada canción se sintió cercana, sin perder la energía colectiva.
Finalmente, la noche transitó con naturalidad entre la emoción más profunda y la celebración total, celebrando nuevamente la cultura hispanoamericana con las versiones de La vida es un carnaval de Celia Cruz y Livin’ la vida loca de Ricky Martin, que desataron la euforia del público.
Una poderosa versión de Mariposa tecknicolor de Fito Páez, fue la encargada de cerrar la noche con broche de oro.
Así, Laura, la italiana, la cantante, confirmó en esta primera noche que su historia con Chile sigue más viva que nunca, en un concierto que no solo fue un repaso de su carrera, sino también un homenaje a la música, a sus influencias y a una conexión con el público que parece no tener fecha de vencimiento.

