El dolor de rodilla es una de las molestias más frecuentes tanto en personas que practican deporte como en quienes realizan actividades cotidianas. En muchos casos, el origen está en una lesión de los meniscos, dos estructuras que funcionan como amortiguadores naturales de la articulación y que, cuando se dañan, pueden afectar seriamente la movilidad.
Según explicó el traumatólogo de Clínica INDISA, Dr. Juanjosé Valderrama, algunas lesiones pueden provocar un desgaste acelerado de la rodilla si no son tratadas a tiempo.
"Se proyecta la llegada de más de 30.000 “coffee lovers” para este panorama de invierno en la capital."
«Cuando ocurre una rotura importante, el tejido dañado puede desplazarse y actuar como una ‘piedra en el zapato’ dentro de la rodilla, provocando síntomas dolorosos y un desgaste acelerado del cartílago», explicó el especialista.
¿Cómo se produce una lesión de meniscos?
Las lesiones meniscales pueden tener distintas causas según la edad.
En personas jóvenes suelen ocurrir por giros bruscos, caídas o movimientos repentinos durante la práctica deportiva. En cambio, en los adultos mayores son más frecuentes las lesiones por desgaste, ya que el menisco pierde resistencia con el paso del tiempo y puede romperse incluso realizando actividades habituales.
El especialista recalcó que no todo dolor de rodilla requiere cirugía, aunque existen síntomas que sí ameritan una evaluación médica.
«Cuando el paciente siente que la rodilla se queda trabada, estamos frente a una señal de alerta que requiere una evaluación especializada», indicó.
Las señales que no deberías ignorar
Entre los principales síntomas de una lesión meniscal se encuentran:
Dolor localizado en la parte interna o externa de la rodilla.
Inflamación o aumento de volumen tras una lesión o actividad física.
Bloqueo articular, con dificultad para estirar o doblar completamente la pierna.
Sensación de inestabilidad, como si la rodilla cediera al caminar.
Crujidos o chasquidos al momento de la lesión.
¿Cuándo se recomienda una cirugía?
Cuando el tratamiento con reposo, medicamentos y kinesiología no logra aliviar los síntomas, la cirugía puede transformarse en la mejor alternativa.
Actualmente, este procedimiento se realiza mediante artroscopia, una técnica mínimamente invasiva que busca preservar la mayor cantidad posible del menisco, retirando solo la parte dañada o reparándola cuando es posible.
«Mientras más tejido logremos conservar, mejores serán las perspectivas para prevenir el desgaste del cartílago y mantener la función de la rodilla», concluyó el Dr. Valderrama.