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Cada 21 de marzo, se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down, una fecha instaurada por las Naciones Unidas para promover la conciencia y la inclusión.
Según datos oficiales, en Chile nacen en promedio 2,7 niños por cada mil habitantes con esta condición, cifra que duplica la tasa mundial.
Este escenario impone un desafío urgente para las familias, colegios y la sociedad: derribar los mitos que limitan el desarrollo de estas personas.
Los mitos de las personas con Síndrome de Down
La académica de la Facultad de Psicología de la Universidad UNIACC, Camila Navarrete, advierte que uno de los mayores obstáculos no es la genética, sino los prejuicios sociales.
“Uno de los mitos más extendidos es que las personas con Síndrome de Down siempre serán dependientes o que son eternos niños. Esto invisibiliza su complejidad emocional y su individualidad”, explica la especialista, enfatizando que el diagnóstico no define el proyecto de vida de una persona.
En la cultura chilena, existe una tendencia a «hacer las cosas por el otro» como una forma de cariño.
Sin embargo, Navarrete señala que este es uno de los errores más frecuentes.
Cuando los adultos resuelven tareas que el niño podría intentar —como vestirse solo o dar una opinión— se reducen drásticamente sus oportunidades de aprendizaje.
No se construye solo con elogios, sino con la sensación de logro tras cumplir pequeñas metas y responsabilidades.
¿Cómo fomentar la independencia en casa?
Para lograr un equilibrio entre el cuidado y la libertad, la psicóloga infanto-juvenil recomienda el «apoyo ajustado»:
- Instrucciones claras: Dividir las tareas complejas en pasos simples.
- Modelaje: Mostrar cómo se hace la tarea primero y luego permitir que el niño lo intente.
- Tolerancia al error: Es fundamental aceptar la lentitud y la frustración como partes naturales del proceso.
- Expectativas altas: Cuando el entorno cree que el niño «no podrá», él internaliza ese límite. Por el contrario, las expectativas altas con apoyos adecuados potencian el desarrollo.
El rol de la escuela
Para la experta de la UNIACC, los establecimientos educacionales deben dar un salto cualitativo. No basta con que el niño esté presente en el aula; debe haber una participación real.
“La inclusión no es solo acceso, es pertenencia. La pertenencia se construye cuando el estudiante es considerado capaz, cuando su voz es escuchada y participa en las decisiones que lo involucran”, concluye Navarrete.
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