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¿Enfermedades propias de adultos en niños? Aunque cueste creerlo, en Chile el sedentarismo y la obesidad infantil avanzan de forma simultánea, provocando la aparición de problemas como hipertensión, resistencia a la insulina y daño cardiovascular a edades cada vez más tempranas.
En este escenario, especialistas advierten que la situación dejó de ser únicamente un tema alimentario. Transformándose en una verdadera crisis de salud pública que afecta el desarrollo físico, cognitivo y la calidad de vida futura de los menores.
De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud y la encuesta ENIDE 2022, el 87% de los adolescentes entre 11 y 17 años presenta niveles de sedentarismo. A esto se suma el Mapa Nutricional 2025 de JUNAEB, que indica que un 51,7% de los escolares tiene malnutrición por exceso, mientras que un 24,8% vive con obesidad, es decir, uno de cada cuatro niños.
“La inactividad es uno de los principales factores de riesgo de mortalidad. En niños y adolescentes se traduce en menor capacidad cardiorrespiratoria, menor desarrollo muscular y óseo, y un impacto directo en la salud futura”, explica el Dr. Ignacio Ortigosa. Especialista en Medicina del Deporte de Clínica CRL.
Por otro lado, el Dr. Paulo Valderrama, cardiólogo pediatra del Centro Médico Nueva Estoril, advierte que “cada vez vemos más niños con hipertensión arterial, resistencia a la insulina, alteraciones del colesterol e incluso daño cardiovascular temprano. Esto puede traducirse en hasta cinco veces más riesgo de infartos y casi tres veces más riesgo de accidentes cerebrovasculares en la adultez”.
Recordemos que el exceso de grasa corporal genera efectos sistémicos que afectan el corazón, el metabolismo y otros órganos. Ante ello, el médico asegura que “estamos viendo alteraciones en el músculo cardíaco, problemas en su funcionamiento e incluso riesgo de insuficiencia cardíaca en casos más avanzados”.
¿Cuáles son los principales factores detrás del sedentarismo y la obesidad infantil en Chile?
Uno de los principales factores detrás de esta crisis es el sedentarismo asociado al uso excesivo de pantallas. En la práctica clínica, se observan niños que pasan entre 6 y 15 horas diarias frente a dispositivos electrónicos .
“Se genera un círculo vicioso: menos movimiento, peor metabolismo, mayor consumo de alimentos poco saludables y menos interacción social”, explica el Dr. Valderrama.
A esto se suma un factor crítico en los padres, hablamos de la subestimación del problema. Estudios indican que cerca del 38% de los padres no reconoce el sobrepeso en sus hijos, retrasando intervenciones clave. Esto sin medir las consecuencias de que el sedentarismo también impacta el cerebro y el aprendizaje.
“Un niño activo aprende mejor. La actividad física mejora la atención, la memoria y las funciones ejecutivas, porque aumenta la irrigación cerebral y regula procesos neuroquímicos. El ejercicio es, literalmente, combustible para el aprendizaje”, explica el Dr. Ortigosa .
“La evidencia muestra que los cambios más importantes ocurren cuando una persona pasa de ser sedentaria a realizar actividad física básica. Desde 4.000 pasos diarios ya se observan beneficios, y con 60 a 75 minutos semanales de ejercicio se puede reducir el riesgo de enfermedad y mortalidad en un 20%”, señala el Dr. Ortigosa.
En niños y adolescentes, la recomendación es al menos 60 minutos diarios de actividad física, junto con ejercicios de fuerza varias veces por semana.
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