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El dolor durante el ciclo menstrual casi siempre es normalizado por la sociedad, obligando a miles de mujeres a convivir con molestias extremas sin darse cuenta de que exista una posible endometriosis.
Sin embargo, la menstruación no debería representar más que una leve incomodidad.
Cuando el dolor paraliza o interrumpe la rutina, suele ser la señal de alerta de dos de las afecciones ginecológicas más frecuentes y silenciosas: la endometriosis y los miomas uterinos.
Ambas patologías comparten la capacidad de provocar complicaciones graves, afectar la fertilidad, alterar la calidad de vida y manifestar síntomas severos vinculados al periodo.
Así lo explica la doctora Megan Wasson, ginecóloga y jefa de ginecología en Mayo Clinic en Arizona.
Endometriosis el enemigo de la fertilidad
La endometriosis ocurre cuando un tejido muy similar al revestimiento interno del útero (el endometrio) comienza a crecer fuera de él.
Este se aloja en los ovarios, las trompas de Falopio o la cavidad pélvica.
Los síntomas de la endometriosis conllevan riesgos adicionales, como un aumento en la probabilidad de desarrollar cáncer de ovario e infertilidad.
Los dolores pélvicos agudos, los calambres invalidantes, el sangrado entre periodos y el dolor al evacuar o al tener relaciones sexuales son parte de su cuadro clínico regular.
Su tratamiento tradicional combina fármacos con cirugías laparoscópicas asistidas por robots para retirar el tejido invasor protegiendo los ovarios.
La doctora Wasson lidera actualmente un equipo de investigación en Mayo Clinic enfocado en el desarrollo de una vacuna diseñada específicamente para prevenir la endometriosis.
De forma paralela, trabajan en innovaciones de imagenología médica para facilitar la detección temprana y precisa que hoy tarda años en diagnosticarse.
Miomas uterinos
Los miomas son masas o tumores que crecen en el tejido muscular del útero y que, afortunadamente, casi siempre son benignos o no cancerosos.
Mientras algunos miomas son microscópicos, otros logran alcanzar el tamaño de un pomelo o más, expandiéndose por la pelvis y el abdomen.
Muchas mujeres no presentan síntomas y solo descubren su existencia mediante ecografías de rutina.
Cuando se manifiestan, los síntomas incluyen menstruaciones abundantes, dolorosas y prolongadas, además de dolor lumbar y molestias en las relaciones sexuales.
Al presionar la vejiga, provocan una necesidad de micción frecuente o dificultosa, y al comprimir los intestinos, pueden derivar en cuadros severos de estreñimiento crónico.
Hoy en día, los avances médicos permiten tratamientos no quirúrgicos y de mínima invasión que preservan la fertilidad:
- Embolización de miomas: Es un procedimiento ambulatorio con alta el mismo día.
- Ablación por radiofrecuencia: Utiliza energía focalizada para destruir el tejido del mioma sin dañar el resto del órgano.
- Miomectomía robótica o laparoscópica: Intervenciones quirúrgicas precisas mediante pequeñas incisiones destinadas a extirpar los miomas, conservando el útero intacto.
Cuándo acudir al especialista
La detección temprana es la mejor herramienta médica. Los especialistas recomiendan que se preste atención a cualquier irregularidad en el flujo, la duración del periodo o la ausencia del mismo.
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