La educación en Chile atraviesa un complejo escenario marcado por la necesidad urgente de adaptar la formación docente a las demandas del siglo XXI.
De acuerdo con cifras del Sistema de Información de Educación Superior (SIES), los ingresos de primer año a carreras de pedagogía cayeron un 12,3% entre 2025 y 2026. Pasaron de 13.380 a 11.732 matriculados.
El impacto de este descenso coincide con las proyecciones de Elige Educar, entidad que estimó un déficit proyectado de más de 32 mil docentes idóneos para los próximos años de mantenerse las condiciones actuales en el sistema escolar.
Nuevo perfil de docentes en Chile
Frente a este déficit cuantitativo, especialistas advierten que la solución no radica únicamente en sumar más profesionales. Sino en reestructurar la enseñanza para salas de clases que cambiaron profundamente.
La convivencia escolar, la inclusión socioemocional, la diversidad cultural y la Irrupción de la inteligencia artificial imponen competencias que van más allá del dominio disciplinar.
Al respecto, desde la red internacional de colegios Cognita señalan que el modelo del docente centrado en la mera transmisión de contenidos quedó obsoleto. Argumentan que se requiere potenciar procesos de observación de clases, trabajo colaborativo y análisis de datos de aprendizaje.
“Hoy el desafío de enseñar ya no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en lograr que todos los estudiantes aprendan y desarrollen al máximo su potencial. Para ello necesitamos docentes capaces de interpretar evidencia, responder a la diversidad del aula e integrar la tecnología con sentido pedagógico”, enfatizó María José Howard, directora Académica de Cognita.
Formación continua
El diagnóstico de los expertos coincide en que la formación inicial de pregrado resulta insuficiente para sostener una carrera de varias décadas en un entorno cambiante.
El desarrollo profesional permanente —basado en retroalimentación continua y uso de evidencia— se posiciona como el factor determinante para elevar la calidad educativa.
Preparar a los profesores del futuro implica avanzar al ritmo de las transformaciones sociales y tecnológicas, asegurando que la inversión en la capacitación docente se traduzca en mejores oportunidades de aprendizaje para las nuevas generaciones.
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