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Pancho Saavedra volvió a hablar sobre uno de los momentos más difíciles de su vida, cuando tenía poco más de 20 años y comenzaba su etapa universitaria en Santiago.
En conversación con el podcast Somos rentables, el animador recordó que su llegada a la capital estuvo marcada por un proceso de descubrimiento personal y una etapa de excesos que terminó afectando fuertemente su vida.
“Salgo de cuarto medio, me vengo a Santiago y ahí empieza un poco esto de estar muy reprimido a llegar acá y descubrir un mundo. Salir del clóset para mí, no para los demás, e irme un poco a la cresta”, relató.
Fue durante ese periodo cuando comenzó a consumir drogas de manera habitual, llegando a reconocer que pasó varios meses enfrentado a una fuerte adicción.
“Me lo carreteé todo. O sea, yo estuve tres meses metido en la cocaína”, confesó nuestro locutor.
El momento que lo hizo reaccionar
La situación finalmente llegó a conocimiento de su familia luego de que una prima alertara a sus padres sobre lo que estaba ocurriendo.
Sus padres viajaron desde Curicó hasta Santiago y, al llegar al departamento del animador, encontraron evidencias de su consumo.
Sin embargo, según recordó Saavedra, una conversación con sus padres terminó convirtiéndose en el punto de inflexión que necesitaba para cambiar su vida.
El animador explicó que en ese momento se habló sobre el elevado costo que podía tener un tratamiento para enfrentar su adicción.

Fue entonces cuando recordó una frase de su padre que lo hizo tomar conciencia de la situación.
“Mi papá se queda mirando con mi mamá y recuerdo que mi papá le dijo a mi mamá: ‘Tranquila, vendemos un camión’”, relató.
La reacción de su padre generó un fuerte impacto en Saavedra, quien aseguró que en ese instante tomó conciencia del esfuerzo que sus padres estaban dispuestos a hacer por él.
“Yo me sentí el ser más miserable que pisaba la tierra”, confesó.
“Me hizo aterrizar”
Saavedra recordó que sus padres habían construido con mucho esfuerzo su negocio familiar en Curicó, por lo que la posibilidad de que tuvieran que vender parte de lo que habían conseguido para costear su recuperación lo hizo reaccionar.
“Que tus papás tengan que perder una fuente de trabajo porque el niñito estaba haciendo puras cagadas, es lo que me hizo aterrizar”, explicó.
Según su relato, ese momento fue determinante para que decidiera dejar atrás el consumo y no necesitara someterse finalmente a un tratamiento.