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En Chile, las patologías cardiacas representan casi un 27% de las muertes anuales, cobrándose la vida de más de 28 mil personas cada año.
Pese a lo impactante de la cifra, pocas veces se cruza esta realidad con las decisiones cotidianas sobre salud sexual y reproductiva.
Sin embargo, al momento de elegir un anticonceptivo, la salud cardiovascular resulta ser un factor determinante.
Condiciones como la presión arterial elevada, antecedentes familiares de trombosis, sobrepeso, el hábito de fumar o simplemente el avance de la edad influyen de manera directa en el comportamiento de las hormonas dentro del organismo.
Victoria Cancino, matrona y especialista de DKT, explica que no existe una alternativa universalmente «perfecta» para los pacientes.
“Cuando una mujer tiene antecedentes de trombosis o algún problema cardiovascular, hay que mirar el caso con lupa”, advierte Cancino.
La experta agregó que “las pastillas combinadas, por ejemplo, traen estrógeno y progestágeno. Dependiendo del historial clínico, esa mezcla puede ser una buena opción… o no ser recomendada en absoluto”.
Método anticonceptivo y presión arterial
Uno de los errores más frecuentes en la consulta médica es mantener el mismo tratamiento durante décadas sin una reevaluación periódica.
La salud del organismo se transforma y factores que no existían a los 20 años pueden manifestarse a los 35 o 40 años. Tales como variaciones en la presión arterial, cambios en el peso corporal o niveles de estrés sostenidos.
Por esta razón, un anticonceptivo que resultaba seguro durante la etapa universitaria puede requerir un ajuste de dosis o un cambio de formato con el paso del tiempo.
Opciones y alternativas
Frente a cuadros de hipertensión mal controlada o contraindicaciones hormonales, existen diferentes alternativas médicas adaptables a cada paciente:
- Métodos sin carga hormonal: El DIU de cobre se mantiene como la alternativa clásica más efectiva sin interferir con el sistema cardiovascular.
- Progestágeno solo: En el ámbito hormonal, existen inyectables y comprimidos formulados únicamente con progestágeno, lo que modifica de manera sustancial el perfil de riesgo frente a las pastillas combinadas tradicionales.
Especialistas enfatizan que el objetivo no es demonizar las pastillas ni generar alarma, sino entender que no existen anticonceptivos intrínsecamente «buenos» o «malos», sino métodos adecuados para cada etapa específica de la vida.
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