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Un invierno lluvioso sumado a bruscas alzas de temperatura en septiembre aceleraron la floración de árboles, malezas y pastos, provocando que los síntomas de las alergias comenzaran antes.
Según explicó Susan Bueno, directora alterna del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia (IMII), la variabilidad climática y fenómenos como El Niño alteraron el comportamiento de la vegetación.
Esto amplió la ventana de tiempo en que el polen permanece suspendido en el aire, prolonga la inflamación de las mucosas nasales y oculares.
A la carga genética se suman factores ambientales que agravan los cuadros. Tales como la contaminación, el humo de cigarrillo y las infecciones virales respiratorias que aún circulan tras el invierno.
El peligro de la automedicación por las alergias
Ante los primeros estornudos, la automedicación suele ser la primera respuesta. Un error frecuente que la especialista aconseja evitar.
Identificar el alérgeno específico mediante un diagnóstico médico permite elegir el tratamiento adecuado. Ya sea con antihistamínicos de nueva generación —que no producen somnolencia—, corticoides nasales o inmunoterapia sublingual o subcutánea.
Para reducir la exposición sin necesidad de fármacos, la experta recomienda:
- Realizar lavados nasales frecuentes: ayudan a arrastrar las partículas de polen depositadas en la mucosa.
- Uso de mascarilla en exteriores: disminuye de forma directa la inhalación de alérgenos.
- Higiene al llegar al hogar: darse una ducha y cambiarse de ropa al regresar de la calle evita que las partículas adheridas al pelo y la piel sigan generando reacción en casa.
Finalmente, Bueno recordó que la alergia es una condición dinámica que puede aparecer en la adultez sin antecedentes previos, por lo que consultar a un especialista resulta clave para controlar a tiempo los síntomas.
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