En Chile, la recuperación de una enfermedad grave se ha convertido en el inicio de una pesadilla para cientos de adultos mayores: el abandono.
Actualmente, se estima que cerca de 1.000 pacientes permanecen hospitalizados a pesar de tener el alta médica, según investigaciones publicadas por el medio 24 Horas y TVN.
Esto sucede porque simplemente estas personas de la tercera edad no tienen una red de apoyo ni un lugar a donde ir.
Hospitales transformados en hogares improvisados
Ante el desamparo y la falta de cupos en residencias especializadas, los recintos de salud pública se han convertido en el último refugio para quienes ya no tienen a nadie.
Esta situación no solo afecta la salud mental del paciente, provocando angustia y depresión, sino que genera un costo altísimo para el sistema.
Como bien señala en el reporte una médico Geriatra del Hospital Las Higueras en la Región de Biobío: «El hospital no está fabricado para hacer el hogar de las personas». Ya que cada cama ocupada por un paciente sociosanitario es una cama que no se utiliza para urgencias médicas.
Una pensión que no alcanza para cuidar
Mientras que el costo mensual de cuidar a una persona mayor con dependencia severa ronda los $1.300.000 pesos, la Pensión Garantizada Universal (PGU) apenas fluctúa entre los $200.000 y $250.000 pesos.
Esta brecha obliga a muchas familias a tomar decisiones desgarradoras.
Susana Salazar, quien pasó seis meses hospitalizada antes de hallar un cupo en una fundación, relata con crudeza: «Con la pensión a la calle me iba, no tenía dónde, quién me iba a cuidar, qué iba a comer».
Actualmente, existen 288.000 personas mayores en situación de dependencia severa en el país, según datos de la Encuesta de Discapacidad y Dependencia, Endide 2026.
A esto se suma que la mayoría carece de los medios para costear cuidados privados.
Un Estado ausente frente al envejecimiento acelerado
La respuesta estatal es, hasta ahora, insuficiente. De los 23.706 cupos totales en hogares para personas con dependencia severa, el Estado solo financia 1.298 cupos, lo que representa un ínfimo 0,7% de la cobertura necesaria.
Con una proyección donde un tercio de la población superará los 60 años para mitad de siglo, el sistema está al borde del colapso.
El llamado de quienes viven esta realidad es urgente:
«Rogaría que se preocuparan del adulto mayor, háganse cargo de eso porque el tiempo pasa».
Mientras tanto, los hospitales siguen siendo el hogar transitorio de aquellos que enfrentan sus últimos días en la más absoluta soledad.
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