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La celebración de Halloween el próximo 31 de octubre suele ser un hito festivo para las familias, pero puede convertirse en un escenario de alto riesgo para las mascotas.
La ingesta accidental de golosinas, el uso forzado de disfraces y la exposición al ruido constante del timbre y visitas son las principales causas de urgencias médicas durante esta fecha.
Mascotas y riesgo de comer snacks de humanos en Halloween
Uno de los peligros más severos es el consumo de chocolate, alimento que contiene teobromina y cafeína, sustancias que las mascotas no logran metabolizar adecuadamente.
«El chocolate nunca debe ofrecerse como premio ni compartirse con las mascotas, ya que puede causar una intoxicación. Los síntomas pueden incluir vómitos, diarrea, inquietud, alteraciones del ritmo cardíaco, temblores y convulsiones», explica Eduardo Montoya, médico veterinario y director médico de la Clínica Veterinaria K-Nino.
El nivel de toxicidad se incrementa mientras más puro y oscuro sea el producto, variando además según el peso del animal.
De igual forma, se debe impedir el acceso a chicles o dulces con xilitol, edulcorante que causa caídas drásticas e intempestivas de la glucosa en la sangre de los caninos.
A esto se suma el riesgo de atragantamiento u obstrucción intestinal provocado por los envoltorios plásticos.
«Si una mascota ingiere chocolate o un dulce potencialmente tóxico, no hay que esperar a que presente síntomas. Lo indicado es contactar de inmediato a un médico veterinario, informar qué producto consumió y, si es posible, precisar la cantidad. Tampoco se debe inducir el vómito sin indicación profesional», enfatiza el especialista.
Disfraces y estrés
El uso de indumentaria festiva en animales requiere un análisis cuidadoso.
Muchas prendas reducen la movilidad, tapan los sentidos o dificultan la respiración.
Señales de alerta ante un disfraz:
- Intentos constantes por retirarse la prenda o rascarse.
- Tendencia a esconderse o quedarse completamente paralizado.
- Inquietud y jadeo excesivo sin haber realizado actividad física.
- Cobertura de ojos, nariz o boca por parte del vestuario.
«Desde el punto de vista del bienestar animal, la prioridad debe ser la comodidad y no la fotografía. Si el perro o el gato muestra señales de estrés, lo mejor es retirar el disfraz», puntualiza el profesional.